Sin Categoría

Desatada

Las palabras que te tengo guardadas son enrevesadas, como nudos marineros y a decir verdad nunca se te dio demasiado bien desatar. Y yo sigo atándome los zapatos al revés, me lo dicen las personas que se fijan en esas cosas en las que yo nunca me fijaría, aunque el resultado sigue siendo el mismo y no suelo andar descalza por la vida. Porque como aún me dice mi madre a pesar de haber cumplido ya los cincuenta (yo), me entra el frío y todos los catarros que os podáis imaginar por los pies (escribiría pieses que aunque es incorrecto me gusta más) y claro, luego me pongo mala.

El caso es que escribo porque tengo un nudo en la garganta. Y cuando soy capaz de deshacerlo siempre aparece otro. Es una suerte que sea imaginario, no fuera que tuviera que dejar de comer, aunque en ocasiones es capaz de regular mi apetito. Ahora tengo apetito, por ejemplo y podría estar desayunando pero es que tengo uno desde las siete de la mañana ahí apostado en mi gaznate que no me ha dejado volver a pegar ojo. He estado desde esa hora dando vueltas, rodando por la cama literalmente mientras pensaba en música y en colores y a ratos simulé que me dormía de manera muy poco creíble, al menos para mí. Y tras construir varios castillos en el aire, cómo me gusta esa canción de Alberto Cortez, decidí levantarme y poner los pies en el suelo, con todo lo que ello supone.

Y aquí estoy hablando de nudos y de palabras que juegan al escondite, de lo que no se dice, porque «los otros» están en nosotros también, del upside down, que es lo que encontramos si le damos la vuelta a la piel, y del presente, que tiene muchos recovecos y es, lógicamente, el lugar donde se esconden las presencias. Añado que el tiempo es como el chicle, no ese duro que se pega debajo de las mesas o el pupitre si no ese rebosante de saliva que estiras y estiras hasta el infinito y más allá. Y llegados a este punto de tópicos y física doméstica en el que podría comenzar a inventarme una distopía, echo el freno.

Y vuelvo a imaginarme un cuadro en el que están colgados esos nudos marineros que yo nunca voy a aprender a hacer ni tú pareces ser capaz de desatar.

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